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  A 26 años del mensaje de Arecibo

A 26 años del mensaje de Arecibo

En el año 1974, el Centro Nacional de Astronomía y de la Ionósfera de la Universidad de Cornell (Nueva York) instaló una nueva superficie reflectora y un nuevo transmisor con una potencia aproximada de medio millón de vatios, en el descomunal radiotelescopio de Arecibo. Una señal lanzada por este transmisor sería lo suficientemente fuerte como para ser fácilmente captada por algún radiotelescopio no más sensible que alguno de los nuestros, ubicado a muchos miles de años-luz de distancia, en nuestra galaxia o fuera de ella.

Los científicos que trabajaban en el complejo astronómico de la gran antena parabólica decidieron enviar  al infinito el primer mensaje interestelar televisivo de nuestra civilización a otra posible civilización estelar. El profesor Carl Sagan de la Universidad de Cornell, fue el astrónomo que se encargó de elaborar el mensaje, recurriendo para ello a la ayuda y la asesoría de sus colegas y científicos de otras especialidades afines.

Utilizando el sistema binario, se dispuso que el mensaje fuera transmitido en un formato de imagen de televisión en blanco y negro. Para formar el gráfico, el doctor Sagan utilizó 1.679 caracteres o bits de información enviados en forma de dos tonos (1.679 es el producto de los números primos 73 x 23, lo que sugiere ordenar los bits en una matriz con estas dimensiones) a una velocidad de 10 por segundo. La frecuencia de radio básica escogida fue la de 2.380 megahertz. La razón de que el formato fuera hecho en números primos tenía como propósito indicar a los posibles receptores del mensaje el origen evidentemente artificial de la señal, dado que las señales de radio naturales emitidas por los cuásars, los púlsars y otros cuerpos celestes no se presentan en esa forma tan determinante y planificada.

El gráfico trata de explicar  por medio de los dibujos esquemáticos y cifras codificadas en el sistema binario, la naturaleza química y biológica del ser humano, su estatura, morfología y población total; el sistema planetario que habita y la forma del aparato que utilizó para transmitir el mensaje. Aparecen representados en la imagen la doble hélice del "espinazo" del ADN y los números atómicos del hidrógeno, carbono, nitrógeno, oxígeno y fósforo, elementos químicos de los cuales estamos compuestos.

La transmisión fue dirigida hacia el cúmulo globular de estrellas ubicadas en la constelación de Hércules, llamado Messier 13, el cual dista 25.000 años luz de la Tierra, lejos del plano de nuestra galaxia la Vía Láctea. Viajando a la velocidad de aproximadamente 300.000 kilómetros por segundo, el primer mensaje televisivo transmitido por nuestra civilización a otras posibles sociedades hermanas que puedan existir entre algunos de los 300.000 soles de Messier 13, tardará 25.000 años en llegar a su destino, tocando durante su trayecto a unas 30 estrellas más.

El 16 de noviembre de 1974 a la 1:00 ATS (tiempo estándar del Atlántico) un gemido ininteligible emergió de un enorme tazón de 305 metros de diámetro adherido al suelo (en un valle ubicado en la zona norte de la isla de Puerto Rico) y, lanzándose a la velocidad de la luz, se sumergió en el infinito. Durante los 2 minutos y 49 segundos que duró la inusitada vibración, nuestro planeta se convirtió en uno de los cuerpos celestes más "brillantes" de la Vía Láctea. En una longitud de onda comparable, el haz de energía emitido desde la pequeña isla caribeña era un millón de veces más potente que la luz del Sol. A medida que el apagado sonido de la transmisión iba disminuyendo lentamente, los ojos de la mayor parte de las 200 personas reunidas en el lugar, testigos del histórico acontecimiento, se llenaron de lágrimas.

Nota: Kristen Neiling


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