NuevaGaia  

Buenos Aires del 25 al 27 de Agosto

En Santiago de Chile - 18 al 20 de Agosto

SANACION RECONECTIVA
 >>Notas & Reflexiones
 

  LA SÍNTESIS - por Carlos Fernández

AR se sentó en el taburete por primera vez y en el lugar que consideró el medio del piano.
Miró hacia la derecha y luego hacia la izquierda.
Imaginó un mar de teclas blancas coronadas por las olas, las teclas negras.

La figura que está en el pentagrama se llama DO y es el que está más cerca de la cerradura de la tapa. Era una voz femenina que susurraba maternalmente cerca de su oído. Nelly M. había activado en ese momento el potencial musical de AR.
Ahora, que había recorrido durante 50 años el teclado combinando los sonidos y los tiempos seleccionados para volcarlos en el pentagrama, esa imagen de su niñez comenzó a inquietarlo ¿no habría escrito demasiadas notas para expresar sus ideas?.
La distancia entre ahora y aquella vez le parecía gigantesca, se sintió confundido. Bajó la tapa del piano. A dormir. No pudo.

Se levantó muy temprano y rápidamente fue al piano.
La inquietud seguía viva y por momentos se acentuaba. Recordó que antes empezaba inmediatamente a desentumecer los dedos con acordes, arreglos.
Improvisaba rápidos ejercicios para entrar en calor. A veces lograba coordinar algo que le gustaba. Lo repetía varias veces para recordarlos. Después lo volcaba en el pentagrama.
A la tarde lo revisaba y decidía que modificaciones hacerle ¡cuanta tinta y papel pentagramado!. Bajó la tapa y permaneció sentado en el taburete. Seguía obsesionado con el período  entre la iniciación y el presente y ahora, con la cantidad de notas y pentagramas escritos.

Se fue al centro de la ciudad a reunirse con amigos.
En la conversación, deslizó sutilmente que le parecía que en sus obras había demasiadas notas. Uno de los amigos le dijo que entre ellos una vez comentaron justamente que su música no tenía ni más ni menos notas que las necesarias,
Volvió a su casa, esquivó el piano. Directo a su dormitorio. Regresó rápidamente. Levantó la tapa y se sentó. Le pareció que Nelly estaba parada a su lado, corrigiéndolo en la posición de las manos: Las muñecas siempre arriba. Por momentos se veía en la actualidad contándole a Nelly sus descubrimientos armónicos y contrapuntísticos y la aplicación en la creación de sus obras.
Otra vez los dos puntos temporales extremos de su período creativo que siempre le despertaba ese estado de inquietud.
Se levantó del piano y se dirigió rápidamente hacia la biblioteca donde tenía archivados los originales y los discos. Trabajó febrilmente durante toda la noche, y encontró finalmente lo que intuía que iba a encontrar: Los originales tenían muchas más notas que las que el estaba tocando en la actualidad. Revisó también sus grabaciones realizadas como solista y como acompañante. Como solista se acercaba más a los originales. Pero cuando acompañaba notó que en forma casi imperceptible iba eliminando los adornos y a veces algunas notas en los acordes.
Sintió que estaba cerca de encontrar la explicación de estos hechos que ya olían a misterio. Se bañó. No tenía hambre. Se acostó. Se durmió. Se levantó más tranquilo.

LOGRAR LA SÍNTESIS
Ahí estaba la clave, fue lo que repitió varias veces. Luego encontró el camino recorrido mientras dormía. Recordó que alguien le había dicho que en una exposición, un pintor presentó un cuadro totalmente en blanco. Su explicación fue que pintó originalmente el rostro de una mujer (su madre). No bien lo terminó, pensó que estaba cargado con tonos muy oscuros – su madre era perfecta – pero esa pintura no la representaba. Puso el retrato en la buena luz que entraba en el estudio y comenzó a analizarlo. Trabajó toda la tarde eliminando las zonas oscuras: hasta que el sol ya no iluminaba. Pero en su lugar apareció la luna.
El pintor comenzó a ver que lentamente iban desapareciendo todos los detalles que aún quedaban. Como representación del rostro de su madre.
Un poco después lo único que se veía era un rectángulo, claro reflejo de luz sobre el lienzo, abrió bien los ojos y murmuró: Es la síntesis, esta es mi madre ¡encontré la síntesis!

Si AR tuvo tiempos de inquietud, ahora eran de desolación. No podía resolver en la música lo que el pintor logró en el lienzo.
Decidió llamar a su sobrino, que estudiaba física en la universidad, para que lo ayude ya que en una oportunidad conversaron sobre música y matemática. Al final llegaron a la conclusión que en las dos disciplinas conviven el rigor de los procedimientos, con el desorden de la imaginación creativa y lo que reforzaba esa conclusión era que tenían a veces una variable común que era el tiempo. En el caso de la matemática se manifestaba en su combinación con la física. En la música el tiempo estaba siempre presente sobre todo en los silencios.
Su sobrino le dijo que para probar podía construirle un pentagrama móvil adosado al piano – que por un lado desenrollara el papel y por el otro lo enrollara. El debería escribir la síntesis elaborada en el momento y rápidamente ya que el pentagrama tendría un desplazamiento permanente con un límite, que era la terminación del papel pentagramado.
Luego se retiró con la promesa de regresar en una semana con el mecanismo, una buena cantidad de papel y cumplió.

Antes de instalarlo. AR, le pidió que lo ayudara a llevar el piano a su dormitorio, su familia estaba de vacaciones. Por lo tanto estaría solo, quería estar cómodo y no debería interrumpir para nada los silencios que se generarían.
Llegó el momento. Esa noche comenzó, luego de arrimar una buena cantidad de papel pentagramado.
Abrió la tapa del piano. Se sentó. La soledad y la angustia le habían creado un estado especial de inspiración.
Estuvo unos instantes concentrado, hasta que su mente se llenó de sonidos. Puso en marcha el dispositivo de movimiento del pentagrama y casi comienza a escribir cuando inmediatamente se acordó de la síntesis. Entonces comenzó a recortar los compases, escribiendo en valor ascendente los signos musicales de los silencios más significativos: De redonda, cuadrada, longa y máxima.
Estuvo cuatro horas en las que volcó al pentagrama alrededor de la mitad de lo que su mente había generado.
Dejó todo y salió a caminar. Repasó mentalmente el resultado, pero no quedó conforme con su trabajo.

Esa noche antes de comenzar, reflexionó: audacia es lo que falta. Estaba decidido. Le parecieron cortos los silencios y en lugar de los signos musicales usados antes, para designarlos, empezó a escribir los intervalos de silencio en el sistema horario sexagesimal, 10 minutos, 20 minutos y así hasta llegar a una hora. Para ser más exacto colocó un reloj grande sobre el piano para visualizar mejor cuando debía entrar nuevamente en la escritura.
Vale la pena aclarar que durante los silencios, la imaginación no se daba tregua y seguía componiendo cada vez más y mejor música, los silencios fueron alargándose y comenzó a quitarle notas a los acordes y arpegios.
Fue entonces que para controlar mejor los intervalos puso el reloj en alarma. Cuando ésta sonaba y se levantaba de su cama se dirigía al piano y pulsaba la única tecla que había sobrevivido al gigantesco recorte de notas.

ComputadoraNo lograba llegar rápidamente a la síntesis otra vez le pediría ayuda al sobrino pero ahora por teléfono para no molestarlo demasiado. Además su salud se deterioraba lentamente y no quería moverse de su casa y de su cama.
AR quiso ser breve pero lo que logró fue un inesperado interés por parte del sobrino. Le dijo que la síntesis lograda por el pintor era una figura estática. Pero en la música, para el, era una huída hasta el infinito. La eternidad.

AR, para no quedar sin aportar nada le dijo que había escuchado un esbozo del concepto de la magnitud de la eternidad: una paloma debía llevar uno por uno todos los granitos de arena del Océano Atlántico hasta el Océano pacífico, cuando finalizara su tarea, en ese momento comenzaba la eternidad.
Para terminar la conversación, AR preguntó cuantas escalas se podrían formar en el piano utilizando todo el teclado y comenzando con una nota distinta cada vez. Hasta que se agoten las posibilidades. El sobrino empezó a vislumbrar que el desarrollo del tema era interesante, pero muy difícil de resolver si además le agregaban otras variables, como la duración de los sonidos de cada nota y su intensidad. Además debían agregarse los acordes posibles. La combinación de esos acordes y lo que se te pueda ocurrir tocando con una mano y luego con las dos. Ninguna sería igual a la otra le dijo. Y cortaron.

AR quedó convencido que se podrían crear tantas obras musicales como se quisieran, incluso sumando las que ya se habían escrito. Pensó otra vez en el infinito. Pero así y todo creyó que nunca llegaría a el. Estaba seguro que era ese arco que se corre a medida que te vas acercando con la pelota.
Miró el piano y por un instante tuvo conciencia que todo estaba incluido en esa caja de madera. Todo en mi piano murmuró.
Antes de cortar la comunicación su sobrino le dijo que iba a profundizar el tema y que luego lo visitaría.

A los dos días vino con una gran caja conteniendo una computadora completa. El programa lo diseñó él contemplando lo que había conversado.
AR se levantó de la cama. Abrió la puerta y le dijo que llevara el equipo al dormitorio. Que no lo ayudaba porque se sentía débil ya que hacía varios días que no dormía.
El sobrino arrimó la computadora al piano y a la cama. Acomodó la gran cantidad de papel en blanco, sin pentagrama, ya que la impresora lo confeccionaba a medida que funcionaba. Luego se fue.
AR ya estaba sin fuerzas y se acostó. Pensó en lo que había creado, se alegró por lo que crearía a partir de ahora y si iba todo bien llegaría al infinito, logrando entonces la síntesis, trabajaría solo su mente.
Con esfuerzo alargó su brazo y oprimió ENTER. Cerró los ojos y se dispuso a imaginar las notas.
No pudo saber el tiempo transcurrido. ¿Había llegado al infinito? ¿Qué pasaba con lo compuesto durante el larguísimo silencio?

 

Entonces escuchó una voz grande con acento de todos los idiomas:

El ojo de Dios


No te preocupes AR, yo estoy más allá del infinito y escuché todo...


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