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  EL MUNDIAL Y SU BANDERA - por Isabella Di Carlo

EL MUNDIAL Y SU BANDERA

¿Puede compararse el sentimiento de que gane el Real Madrid o de que gane el Barca al sentimiento que expandió de júbilo, el corazón de todos cuando ganó España? No, no puede. No puede, ni podrá compararse, porque cuando se festeja como nación lo grande no es el premio, el premio es la excusa para lo grande, lo grande es la sensación de ser nación. Lo grande es la vivencia de ser todos uno.

España pudo disolver durante unos días sus nacionalismos y la bandera de todos ondeó en los balcones, en las plazas y lo que es más importante ondeó adentro, en el corazón. El viento que la movía fue la fuerza de sentir que unidos, podemos. Que unidos somos fuertes, somos mejores. Los países sostienen a los equipos y, cuando juegan limpio, cuando son "equipo", cuando el espíritu de superación es lo que los impulsa más allá de cualquier suceso externo, los equipos triunfan y sostienen a los países. Esto es así para España Campeona del Mundo y es exactamente igual para Uruguay, lo sé porque estuve allí. Viví el Mundial de football en Montevideo, (soy medio uruguaya y medio española) y puedo afirmar, con total certeza, que la sensación de unidad no era distinta aquí que allá.

Se agotaban las banderas uruguayas y hubo que hacer más. Ondeaban en los coches, las casas, los brazos que la elevaban alto, como alto era el honor de ser uruguayo. Es esa identidad global, en la que todos nos sentimos orgullosos por lo mismo, en la que una misma alegría enciende todas las sonrisas, en la que todos podemos abrazar a todos, lo que crea la magia.

El deporte es una vía privilegiada para generar ese sentimiento, pero está lejos de ser la única. ¿Podríamos ver el deporte como un medio y no como un fin en sí mismo? ¿
Podríamos sentir que la meta no es un título, que la meta es unirnos, trabajar todos juntos aportando cada uno lo que es y lo que sabe bajo una bandera capaz de congregarnos?

¿Que bandera podría lograr algo así? Hay dos banderas que contienen a todas las banderas. Una es la de la paz, el blanco es el fondo sobre el que todo se inscribe, el blanco es universal, no conoce idiomas, ni dialectos, religiones, ni nacionalidades. La otra es la del Tibet, posee los siete colores del arco iris y no es casualidad. La cultura tibetana se caracteriza precisamente por el sentimiento profundo que cada individuo tiene de estar unido a todo, no sólo a cada hombre sino a cada forma de vida. La inofensividad es el colofón de este sentimiento.

Que la experiencia del mundial no nos deje iguales, que nos inspire para sentir que no sólo somos un solo país, somos un solo mundo. Que empleemos la energía que ahora usamos en dividirnos en unirnos. Que podamos ver los mínimos comunes denominadores que nos hermanan y podamos diluir lo que nos aleja. Que bajo la bandera blanca, o la bandera arco iris, consagremos nuestra inteligencia y nuestra fuerza a construir la paz. Si lo hacemos venceremos. Con independencia de llegar o no a ver amanecer el día soñado por Lennon en "Imagine" si lo hacemos habremos vencido, porque quien dedica su vida a la paz respira la victoria como esa sensación, profunda y silenciosa de pertenecer al mundo. Vivir así tiene sentido.

Isabella Di Carlo - Psicóloga Transpersonal y Escritora


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